En espera del salvador, salimos trasquilados.
En 1521, los habitantes del valle de México, y casi de todo lo que en ese entonces no era un país, sino varios grupos que vivían en diferentes partes de un vasto territorio, se encontraban esperando que se cumpliera una profecía casi universal para la ahora llamada Mesoamérica, la llegada de un dios que vendría del cielo a llevarlos a su futuro maravilloso.
Las características eran variables según la zona y la leyenda, qué si rubio de ojos azules, qué si barbado, con poderes de todos tipos, pero iba a llegar para hacer prosperar a su pueblo elegido.