Los resultados, pobres, aunque vistosos en algunas áreas, han ido desacelerando.
Hace tres años, todo era expectativa, las campanas al vuelo de sus ilusionados votantes, las caras largas de los que alcanzábamos a vislumbrar lo corto de sus alcances. Era una época de elucubrar, de darle un cierto margen de maniobra, con la esperanza, no mucha, de que nos callara la boca.
El tiempo ha transcurrido relativamente rápido, nos atacó una pandemia que puso los reflectores fuera de López, que no se tardó mucho en volverlos poner en él. Fuimos testigos del desarrollo, no de una, de varias vacunas que se convirtieron (por arte presidencial), al igual que el cubrebocas, en un moti...