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En la recta final

El descenso del cacique

Por @Funesta
Termina su destructivo sexenio desesperado por seguir gobernando tras quien espera gane la siguiente elección, esperando lograr las metas y venganzas pendientes.
| Opinión
El descenso del cacique: López Obrador

El deterioro físico y mental de López es evidente, y no es que alguna vez se le haya notado del todo bien. Sin mucho esfuerzo, pudimos notar desde hace años, aquellos que le observamos de manera crítica, que no profesional, una excesiva necesidad de control y reconocimiento, falta de límites y empatía, grandilocuencia y un ego megalómano.

Características que se han visto exacerbadas, (o al menos evidenciadas), tras las elecciones del 2018, donde obtuvo un triunfo que no todos festejaron como él esperaba, un triunfo que desde el inicio auguraba un fracaso en los temas que más apremian a los mexicanos.

Aquella imagen de “luchador social” que muchos idealizaron en él, hoy se viste de vulgaridad ante los continuos escándalos de corrupción en los que se ha visto envuelto, junto a su familia y sus allegados. Y es que no hay nada oculto bajo el sol, cada vez es más obvio que lo que 30 millones de mexicanos vieron en él, no era sino un constructo de sus abundantes discursos. 

Nunca existió tal luchador.

Hoy que ha amasado poder a costa de la fuerza, la ilegalidad, la mentira y hasta a costa de la vida de muchos mexicanos, y debería retirarse satisfecho, luce iracundo, odiando con ímpetu al que considera enemigo, lo mismo que a cualquiera que en ejercicio de sus libertades, tenga la osadía de contrariarlo, herido cual si estuviese derrotado y, desesperado por conservar el poder.

Sucede que no logra ver en los demás el reflejo que esperaba, el de caudillo, "un héroe de la patria": Millones de mexicanos lo ven como lo que es, un político rancio y decrépito, atrapado en ideas de cacicazgo, un retrograda que no sólo permite la corrupción y la proliferación de la delincuencia, sino que las propicia con sus estrategias y omisiones, que se burla de los enfermos, las madres buscadoras, los pueblos originarios, los ecologistas, los estudiantes y, todo aquel que no sirve a sus propósitos y puede desechar, simplemente porque puede. 

En el ocaso, su ego no le da lugar a la autocrítica, ni a reconocer los fracasos de su administración, en su ambición niega el tráfico de influencias de sus hijos, la corrupción de los suyos y, obviamente sus posibles nexos con el narco.

Termina su destructivo sexenio desesperado por seguir gobernando tras quien espera gane la siguiente elección, esperando lograr venganzas pendientes en quienes no lo obedecieron ciegamente.

En su ocaso, además, cual si su retiro fuera un sepulcro milenario, pretende llevarse con él como ofrendas a la democracia, la división de poderes y las libertades civiles; ofrendas que la ciudadanía no está dispuesta a ceder sin dar batalla.

Esa que libramos a diario desde la oposición aunque a veces deje que desear, desde la resistencia pacífica ciudadana, desde las organizaciones sociales y sus causas, desde las redes sociales, a quienes les da por llamar “bots”, desde los medios de comunicación, los que aún no compra el Estado, desde las escuelas y centros de trabajo, donde se sueña con un México mejor.

bandera de Mexico 2

Así, desde cada lugar dónde podemos alzar la voz, estamos preparados para mandar al basurero de la historia al cacique y su herencia de odio, militarismo y autoritarismo, desde el campo de batalla de estas elecciones. 

Y necesitamos ganar esta lucha superando al enemigo en número.

Esto hace imperativo que nadie se quede sin votar para así equilibrar el poder, para lograr los contrapesos necesarios y que nunca más un populista, de ningún color, edad o ideología, se sienta dueño de la ley, de México y los mexicanos.

Sin dudar, sin retroceder, sin ceder... estas elecciones a los mexicanos nos toca vencer contundentemente, sí o sí, al abstencionismo.


@Funesta

Pintora de closet. Dog lover. Cafeinómana. A hombros de gigantes. @RepDeFifidonia @CNexiones

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