Parte trece de “El Ocaso del Cacique”.
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La entrevista inicia.
-…fueron expedidas por una empresa creada hace dos años por un hijo de su hermano fallecido y su hijo mayor, presidente? ¿Sabía usted algo de esto?
En sus “tempranerías”, como diría su admirado poeta tabasqueño, el líder tuvo oportunidad de aprender ajedrez, pero su temperamento volcánico le hizo rechazar ese juego pues no cabía en él razonar sus movimientos en función de posibilidades medidas con rigor matemático. El líder no tenía madera para eso. Lo suyo era ser el que busca, promueve y encuentra la confrontación abierta, que da el golpe directo o por lo menos finta al contrincante. Su defensa favorita era el ataque. Y otra vez este imberbe se metía en ese terreno. Le comía el mandado mientras él se comía las ansias por recobrar el control de la entrevista. Eligió la salida más fácil y segura para evitarse complicaciones
-Si tienes pruebas… Anda y dile al gobierno del Estado. Yo no soy agente del ministerio público y eso es de su competencia, no de la mía
-Pero presidente… ¡Se trata de su hijo!
-El ya es adulto y debe hacerse responsable de sus actos
-Actos como estos, que usted llama “cochupos” …
-Estos u otros. Me da igual...
-Bueno...
El reportero sacó su famoso lápiz y empezó a balancearlo entre el pulgar y el índice de su mano derecha, al tiempo en que cruzaba una pierna sobre la otra, señal inequívoca de que empezaría a disparar balas de mayor calibre. El líder tragó discretamente saliva. En ese momento, desde el lugar donde el camarógrafo estaba filmando la entrevista, apareció una tenue luz roja en la parte inferior de la cámara. Mario movió su silla lateralmente, para obstaculizar un poco esa luminosidad.
- ¿Qué le parece si platicamos de asuntos del ámbito federal, de los que sí le toca conocer? ¿Verdad?
El líder sonrió y movió la mano derecha en un lento semicírculo como alentando al reportero para que continuara. Este sonrió ampliamente
-Un reportero de nuestra empresa Mexic-Us (no la de Emigdio) descubrió que, en un aeropuerto chiquito cercano a la Ciudad de México, allá por Chalco, desde hace año y medio todos los miércoles por la tarde aterriza un avión privado proveniente de Caracas y que su segundo hijo acude a recibirlo.
El líder lo interrumpió.
- También es un adulto. Lo que haga él es su problema. Esto no va a funcionar. Ya no es entrevista. Es interrogatorio. (Miro fijamente al camarógrafo) Apaga eso y esperanos afuera.
El operador quedo a la expectativa. Mario le hizo una seña secundando la solicitud, por lo que procedió a apagar la cámara y salió nuevamente. Mario lo siguió con la vista tanto para constatar su salida como para confirmar que seguía prendida la tenue luz roja. Siguió entonces el ataque
-Licenciado, Eso hubiera pasado desapercibido, de no ser que por la pandemia y la caída de toda la economía en el país…
- ¡Yo tengo otros datos sobre eso!
-… incidió en una baja tremenda en el número de vuelos que se operaban en ese aeropuerto, al grado tal que el único aterrizaje y despegue que ocurre ahí es el del jet que le menciono…
-Bueno… Mi hijo tiene muchos amigos y su esposa es de allá… Y tiene también mucha parentela.
-…y mi reportero recibió un “pitazo” … Por la gravedad del asunto le pedí que corroborara lo que le voy a decir… Y ya está plenamente comprobado. Resulta que cada vez que llega el jet, de él se descargan varias cajas de…
El reportero calló y dio una rápida mirada a la esposa. Si hubiera volteado antes se habría dado cuenta que, desde el inicio de esta narrativa, ella mantenía la mirada fija en el suelo. El líder no se inmutó. Su semblante reflejaba una seriedad nunca vista por el reportero. Parecía una de esas cabezas prehispánicas colocadas a la entrada del Museo de La Venta
-Polvo blanco… ¿Le sigo?
-Mira Mario… Desde el principio de mi administración inicié mi cruzada, mi lucha contra la corrupción, los delitos de cuello blanco, la mafia del poder que había… Tu sabes muy bien (incluso lo llegaste a denunciar) la cantidad de raterías, asalto al erario de los machuchones que estaban antes de que llegáramos. Tal vez nos falta mucho por hacer y…
- ¿Le muestro los videos?
-Infundios como este…
-Tengo varios…
-Son propios de quienes no quieren que el pueblo
- ¿Quiere verlos si o no?
-No le veo caso
- ¿No me cree?
-Pueden estar editados
-Ni que fueran de Sesgos, la empresa de su amigo
- ¿Qué dijiste?
-Mire… ¡No me va a creer, Sr. presidente! Ni siquiera valdría la pena pedirle que me acompañara el próximo miércoles para que usted mismo se dé cuenta porque de seguro, para entonces, hasta el aeropuerto desapareceri…
- ¡No soy ni seré tapadera de nadie!¡Y menos de mi familia!
-…a. ¡Ah caray! ¡No me diga eso! Cuando íbamos a hacer público lo de Juan y los donativos, lo de sus cuñadas y los contratos de tu prima Agripa nos comunicamos con Jesús ANTES de hacerlo… ¡Y prácticamente nos ignoró! ¿O me va a decir que no le contó de eso?
-Bueno… si… dijo algo
-Y para acabarla de amolar… Después usted arremetió contra nosotros… Que si vendidos, que si chayoteros… ¿Entonces?
-Por eso te quiero dar ahora la exclusiva. Tengo… tuve una serie de problemas en el pasado que pueden afectar y mucho al país
Hasta ese momento, la esposa había permanecido expectante, mirando alternadamente al reportero y al marido para saber cuándo y cómo actuar. Era su momento
-Marido… No creo que esto sea algo bueno. Mario no es exactamente el más adecuado para…
-Sht! (La mujer se paró en seco). Bueno… Tu sabrás. (Volteo a ver a Mario. Su mirada despedía fuego y contrastaba enormemente con el tono conciliador que empleó con el reportero
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