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El mal enraizado.

Seguimos plantando baobabs

Por El Aviador
No votar es un lujo que los mexicanos no nos podemos dar, y debemos, tal y como lo hicieron por ejemplo, los hermanos ecuatorianos hace unos meses, salir a votar masivamente.
| Opinión
Sigamos plantando baobabs

En una entrega publicada en tiempos electorales del año 2018 en un prestigiado medio impreso mexicano de la industria del transporte, invoqué el recuerdo del hombre del aire y las letras francés Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) para alertar a mis estimados lectores sobre el peligro que los baobabs democráticamente plantados en una geografía suponen para ella.

“Niños, ¡cuidado con los baobabs…!” alertó el piloto de ese avión averiado en pleno Desierto del Sahara que narra la historia de un “Principito”.

Me permito retomar el espíritu de la nota en comento, habiendo transcurrido un año 2023 con los mexicanos abrumados, y hay que decirlo: hartos de campañas políticas ilegalmente adelantadas con miras a las elecciones del 2024 en las que “los de la raza de bronce” con derecho a voto tendremos una quizás irrepetible oportunidad de desterrar de los gobiernos federal, estatal y municipal ciertas siembras negativas de color moreno que demostradamente han sido incapaces de hacerle bien alguno a México, momentos en los que me da la impresión que los votantes merecemos ser alertados de la importancia de tener presente el mensaje humanista del aviador y escritor galo conforme baobabs de la talla de un Donald Trump siguen enraizándose en el favor de su electorado, por más que hayan evidenciado comportamientos verdaderamente lamentables legal y moralmente que más bien los deberían llevar a la cárcel y no de regreso a un despacho presidencial o a alguna cartera, no solamente en Washington, sino también en otras capitales en todos los continentes, en las que políticos con tan pobre nivel en todos los sentidos siguen avergonzando a los ciudadanos que representan, caso de un Niyib Bukele, cada día más parecido a un dictador.

Decía el también francés teórico político y filósofo Joseph de Maistre que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. No estoy tan de acuerdo con ello, y es que dudo que los norteamericanos, entre los que por cierto hay grandes hombres y mujeres se merezcan a un personaje como Trump nuevamente en la presidencia, como tampoco ameritamos los que votamos en el Estado de México con “esa maestra” que más bien se comporta como criminal, a la que hemos elegido como gobernadora en los pasados comicios estatales. De la misma manera siento que a mis paisanos capitalinos, otrora “defeños”, no les iría a todo dar en caso de que una funcionaria con tan malas credenciales como las que posee quien le debe a “un Juanito” el puesto del alcaldesa que la colocó en la contienda por la jefatura de gobierno de la ciudad llegue a ese despacho.

Sobra decir que siento tampoco les va a ir muy a todo dar que digamos los argentinos con un personaje con el perfil de Javier Milei, que me parece más un payaso que un político serio, ocupando la “Casa Rosada” en Buenos Aires.

Pero volvamos a nuestro “México lindo y querido”:

El principitoMás allá de lo político, que de por sí es asunto que merece la alta importancia, en mi calidad de “Aviador”, pero de los que si trabajan y no solamente cobran, me parece que el altamente probable arraigo en los tres poderes que integran el Estado Mexicano (Ejecutivo, Judicial y Legislativo) en la forma de compinches de un baobab como el de Macuspana, puede terminar por darle, junto con el irresponsable poder económico que se le ha dado de los militares, un golpe final y mortal, entre otros sectores económicos a mi amada aviación civil, si es que no a todo el transporte civil nacional, lujo que los mexicanos nos podemos dar y que solamente podremos evitar, tal y como lo hicieron por ejemplo los hermanos ecuatorianos hace unos meses al salir a votar masivamente y así prevenir que el expresidente Rafael Correa (otro baobab) siguiese gobernándolos de facto por medio de “su candidata particular” (Luisa González).

Amigo lector: como nunca antes en la historia de muchos países, y hay que decirlo, de México, la calidad de los sufragios tiene mucho que decir en el futuro de la vida de nuestros descendientes, por lo tanto, hay que ser muy, pero muy inteligentes emocionalmente a la hora de pararse en casilla electoral a depositar nuestro voto en el año 2024, traicionando inclusive de alguna manera al mismo a Saint-Exupéry, decidiendo con los ojos más que con el corazón, olvidándonos de filias y fobias y mejor pensando en la clase nación que deseamos para quienes nos sigan en ella. 

“El horno no está para bollos.”


El Aviador


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