Érase una vez...
Un pequeño aristócrata que había emprendido un viaje sideral, decidió visitar un planeta habitado por un rey, por lo menos que uno así se creía.
–¡Ah! –exclamó “su excelencia” al divisar al viajero –¡tenemos un súbdito!
El pequeño se preguntó: "¿Cómo es posible que me reconozca si nunca me ha visto?" Ignoraba que para los reyes eso es muy simple, ya que todos los hombres son sus súbditos.
–Aproxímate para que te vea mejor –le dijo el soberano, orgulloso de serlo por fin de alguien. El infante buscó donde sentarse, pero el planeta estaba ocupado virtualmente en su totalidad por el mag...