“Londres. El primer trimestre del curso recién terminado, y el Lord Canciller en sesión en el Gran Salón de Lincoln’s Inn. Implacable tiempo novembrino. Tanto barro en las calles como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la Tierra, y no sorprendería encontrar un megalosaurio, largo de unos doce metros, tambaleándose como un lagarto mastodóntico hacia la colina de Holborn...”
Así comienza el capítulo primero de la novela de Charles Dickens “Casa desolada”, la primera obra literaria en la que apareció el nombre de un dinosaurio, en marzo de 1852.
El paleontólogo inglés Richard Owen, que años más tarde fundaría el Museo Británico de Historia Natural, encontró semejanzas entre las tres especies descubiertas en Inglaterra, Megalosaurus, Iguanodon e Hylaeosaurus, que indicaban que pertenecían a un mismo grupo taxonómico, y en 1842 acuñó para este grupo el término “dinosaurio”, que significa “lagarto terrible”. Owen no incluyó en el grupo a Thecodontosaurus, quizá por su pequeño tamaño. A dos de ellos ya los vimos anteriormente en estos #JuevesDeDinosaurios, hoy veremos a Hylaeosaurus.

En 1832, una explosión en la misma cantera en West Sussex, en la que Mantell había descubierto los primeros restos de Iguanodon sacó a la luz varias rocas que contenían huesos de lo que parecía un gran lagarto. Un tratante local de fósiles vendió las piezas, unas cincuenta, a Mantell, que consiguió reunirlas como un puzzle, y descubrió que todas pertenecían a un solo esqueleto, que se había conservado casi completo. Hasta entonces, los restos que se habían encontrado de Megalosaurus e Iguanodon habían sido sólo huesos y dientes sueltos. Mantell pensaba que se trataba de un Iguanodon, pero el naturalista William Clift, conservador del Museo Hunteriano, llamó su atención hacia lo que parecían placas y púas que probablemente formaban parte de una armadura que protegía al animal. Mantell lo llamó entonces Hylaeosaurus, que significa “lagarto del bosque”.
Gideon Mantell originalmente estimó que el Hylaeosaurus tenía aproximadamente 7.6 metros de largo, o aproximadamente la mitad del tamaño de los
otros dos dinosaurios originales, Iguanodon y Megalosaurus. En ese momento, él modeló el animal como un lagarto moderno. Las estimaciones modernas varían hasta 6 metros de longitud. Gregory S. Paul en 2010 estimó la longitud en 5 metros, el peso en 2 toneladas.
Muchos detalles sobre la construcción de Hylaeosaurus son desconocidos, especialmente si el material está estrictamente limitado al holotipo. En 2001, Kenneth Carpenter describió los restos de cráneo y mandíbulas inferiores. Los elementos del cráneo dañados y desplazados proporcionaron poca información.
El Hylaeosaurus a menudo se diseña como un nodosáurido bastante típico, con hileras de blindaje en la parte posterior y la cola combinadas con una cabeza relativamente larga, equipada con un pico que se usa para cortar vegetación baja.
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Con los elementos estudiados hasta hoy se afirma que Hylaeosaurus era un dinosaurio acorazado cuadrúpedo, herbívoro, de unos seis metros de largo, que vivió en Inglaterra a principios del Cretácico, hace unos 140 millones de años. Pocos fósiles más de Hylaeosaurus se han encontrado desde entonces, todos en Europa, y la pertenencia de muchos de ellos a la especie es dudosa. Los restos originales de este dinosaurio, conservados en el Museo de Historia Natural de Londres, han permanecido encastrados en su matriz de roca hasta los primeros años de este siglo, cuando se ha empezado a liberarlos por medios mecánicos y químicos. Pero aún no se ha publicado ningún estudio nuevo sobre ellos.

Cuatro especies han sido nombradas en el género Hylaeosaurus, pero solo la especie tipo Harmatus se considera actualmente válida. Hylaeosaurus fue el primer anquilosauriano descubierto, pero hasta bien entrado el siglo XX, sus afinidades exactas seguirían siendo inciertas.
Fuentes: Cienciaes, imágenes tomadas de internet