Parte cinco de “El Ocaso del Cacique”.
No te pierdas la cuarta parte aquí:
Se calienta la mañana...
- Quieren hablar con usted sobre…
- ¡Calla! ¡No digas más!
Instintivamente se llevó la mano al abdomen, por debajo de las sábanas, creyendo que Jesús no lo notaría. Fue como un calambre en el bajo vientre y aunque duró sólo un momento, le provocó un dolor tan fuerte que sintió como se le perlaba la frente con un sudor frío
Volteó a ver de inmediato a Jesús. Este, en cuanto se percató del evento, había agachado rápidamente la cabeza para no incomodar al líder.
En esa complicidad que ambos habían forjado durante tanto tiempo, casi para todo, había algunos temas que omitían tocar como los últimos trastornos de salud de Él, los cuales (según el líder) sólo eran conocidos por el médico cubano y su hijo mayor.
- ¿Que te pasa?
-Nada licenciado… Solo preocupado por usted
Era sincero, pero, aun así, había cosas que ni Jesús debía saber.
A pesar de su tamaño, el Palacio era un lugar muy pequeño como para ocultarlo todo. Jesús y el hijo mayor, cada uno por su lado, trataban de que no hubiera fugas de información a cambio de favores o pagos por silencio, pero la estela de calamidades recientes había dejado un saldo enorme de descontento en la pequeña vecindad palaciega y, por ende, demasiados inconformes aceptaban cínicamente el pago de un lado por callar y el pago del otro por difundir.
-Prepara mi despacho
-Pero…
- ¡PREPARA MI DESPACHO!… Saca la carpeta verde…
Jesús palideció… Esa carpeta
-Y me la dejas en el Cajón de en medio. Diles a esos dos que los veré en 5… No… en 10 minutos. ¡Ofréceles lo de siempre!
-Si… si… está bien
-Y dile a Choquito que pase. ¡Rápido, rápido!
Jesús salió y entró el Médico
-Oye… Volvió la molestia en la ingle…
- ¡Tiene que operarse! ¡No puede seguir así!
- ¡SABES QUE NO PUEDO HACERLO AHORA!… No antes de las elecciones. Dile a tu niña que venga a ayudarte… pónganme la faja
El médico suspiró. Tendría que esperar a que, en algún momento, el líder estuviera a modo. Insistir sólo agravaría su salud ya de por sí ya muy mermada. En su fuero interno oró por él.
Media hora después, el líder entró al despacho caminando con cierta parsimonia y con su brazo derecho sobre los hombros de Jesús, a quien fingía platicarle algo chusco mientras sonreía. Los dos visitantes les esperaban ansiosos. A leguas de notaba que su postura era, muy forzada… Grotesca, por decir lo menos…
A pesar de que muchos le reconocían sus innatas dotes histriónicas, tanto lo sucedido en la mañana (un secreto a voces) como la inusual postura del líder confirmaron a los personajes presentes que la salud del líder ya no era una mera sospecha. Lo saludaron con una sonrisa socarrona y le extendieron los brazos para darle el saludo que acostumbraban… Cuando los recibía a solas…
El fingió no darse cuenta de ese gesto “cordial” y con una seña les instó a sentarse en los sillones frente al escritorio, mientras terminaba de hablar con Jesús.
-Y luego quiero que vayas preparando las salutaciones para festejar… Ya sabes… que todo salga de lujo.
El comentario estaba tan fuera de la realidad que Jesús tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no demostrar sorpresa. Festejar… ¿Qué? Los datos reales de las encuestadoras oficiales confirmaban la tragedia, aunque estas emitieron otros muy diferentes. Estaba en riesgo no solo la mayoría en las Cámaras… ¡Sino la misma supervivencia del partido oficial!
-Bueno… Quédate por aquí cerca
Soltó a Jesús y se apoyó con el brazo izquierdo en el escritorio. Con un rápido giro de cadera se sentó en el mullido sillón presidencial. Los visitantes se sentaron en los lugares designados.
Jesús salió no sin antes atisbar, con el rabillo del ojo, las expresiones faciales de los asistentes.
“Parecen tiburones saboreándose un atún” rumió al salir
-Gerardo, Emigdio (se arrellanó en el sillón inclinándose hacia atrás) … Díganme…
¡La carpeta verde estaba SOBRE el escritorio! ¡Carajo! Fingió no darle importancia
- ¿Qué se les ofrece? (Extendió los dedos de sus manos sobre la carpeta y empezó a tamborilear suavemente sobre ella.
Gerardo aclaró la garganta y volteó a ver a Emigdio, quien con un ademán le exhortó a hablar
-Como usted sabe…
-Estamos en confianza… ¿No? Dime… ¿Qué pasa?
-Ok. Mira… Hoy por la mañana unos tipos intentaron forzar la entrada al set de mi canal principal. Nos enteramos de que…
Media hora de esgrima verbal después, el líder se encontraba entre dos fuegos de quejas por arbitrariedades, la mayoría de ellas bastante justificadas. Emigdio ya hablaba algo acalorado, tanto por el desarrollo de la platica como por el efecto del segundo café irlandés que le habían servido.
Gerardo era, por así decirlo, su empresario favorito de medios, pero Emigdio tenía mayor rating. Su proyecto político dependía de que ambos le apoyaran en todo. Incluido, claro está, el espaldarazo final en sus programas informativos para que su partido fuera presentado como el gran favorito para ganar la contienda… Aunque la líder sabía que estaba muy lejos de serlo
Necesitaba compensarlos. Abrió la carpeta con un movimiento brusco. Emigdio paró su perorata y, con expresión bovina, miró fijamente al líder
-A mi me hubiera gustado anunciarlo en la fecha programada, pero creo que les gustará saberlo desde ahorita
Sacó de la carpeta dos oficios con los sellos oficiales de su gobierno. Eran dos títulos de concesión
-Te pido, Emigdio, que reconsideres tu negativa a suprimir (Emigdio palideció) esa conferencia o, por lo menos… Espérame un par de días… Ya que todo se asiente…
-Pero te digo que no puedo…
El líder le acercó el documento que Emigdio esperaba recibir a finales del mes siguiente, al expirar el plazo de la licitación.
-Hoy por mi… ¿Va?
Emigdio bajo el antes beligerante brazo. Gerardo se había mantenido como agazapado durante los últimos minutos. Si bien él había iniciado el ataque, por experiencia sabía que era mejor aguardar al final, para jugar entonces sus mejores cartas. El líder quiso entregarle su oficio. Gerardo se negó
-Bueno (le dijo al líder) … creo que esto aclara mucho. Pero quisiera unos minutos contigo a solas, si Emigdio no tiene inconveniente alguno.
El aludido se acordó del Undécimo Mandamiento y asintió. Se despidió con cierta solemnidad del líder y salió del despacho, muy aliviado.
En cuanto escuchó el chirrido del cerrojo de la a puerta, Gerardo se inclinó en su silla hacia el líder, en un gesto de absoluta familiaridad.
-Mira (continuó)… Han trascendido muchos temas de los que me he enterado, pero no quise tratarlos delante de aquel… Tú sabes… Celo profesional
EL líder bajo la barbilla y se le quedó viendo fijamente a Gerardo, de abajo hacia arriba como jaguar en madriguera
“¿Qué se trae este?
-Bueno… para acabar pronto… Me acaba de hablar mi corresponsal en la Chontalpa… Tu hermano Juan acaba de…
Quinta entrega de “El Ocaso del Cacique” por Sergio R. Chávez.
¿Qué pasará ahora?
Sigue con la parte seis aquí:
Un segundo café...