En circunstancias normales, diría que hay 3 niveles de desinformación. Pero voy a tener que agregar uno. Empecemos por lo elemental: la fake new, la posverdad y la hiperrealidad. Fíjate, que es bastante interesante, y nos ayuda a entender al mundo de hoy.
La fake new es la noticia falsa. Tan simple como contenido que es mentira, y que se distribuye ampliamente gracias a que internet es gratis y democrático, y cualquier persona puede retwittear lo que sea sin verificarlo. Pero no todas las fake news son iguales, algunas son mentiras descaradas inventadas para manipular a la opinión pública, otras son bromas; otras, incluso, experimentos sociales (medio macabros, sin duda, pero experimentos a fin de cuentas). Así que las fake news no se cocinan igual. Cada una tiene sus cualidades.
La posverdad es algo más complejo. Implica una distorsión en la percepción de la realidad. El autor de una fake new sabe que su bulo es eso: un cuentote, una mentira. En cambio, en el promotor o difusor de una posverdad ya hay otro nivel de confusión. El meollo de la posverdad es que renuncias a los hechos objetivos (aunque los conozcas), porque consideras que tu valoración subjetiva (visceral, por lo general) del asunto es que es tan válida como los hechos objetivos por sí mismos.
Es el clásico error de no entender que todas las opiniones son válidas, pero NO TODAS son correctas, y menos aún igual de importantes. El que se hunde en una posverdad sabe que los hechos lo contradicen, pero no le importa. Pero... ojo con esto…
No necesariamente es porque quiera manipular a la opinión pública. Puede ser porque sinceramente cree que sus sentimientos, o los de un colectivo, son tanto o más importantes que los hechos objetivos. Así que no necesariamente es alguien malo. Tal vez sólo es muy tarado.
La hiperrealidad es otra dimensión del problema. Se trata de un fenómeno que afecta a toda la sociedad (se puede analizar a nivel mundial, por regiones, por países, por clase social, etc.). Consiste en que se pierde la capacidad de diferenciar la realidad de la fantasía. Esto sucede -según explica Baudrillard- cuando la percepción de la realidad nos llega a través de un FILTRO o INTERMEDIACIÓN que, por lo general, son los medios de comunicación. A Baudrillard le preocupaba de manera especial cómo la tecnología nos ha rebasado.
El problema entonces consiste en que los medios manipulan la información, a veces coordinados por un sesgo político bien definido, pero otras veces de un modo totalmente caótico. Lo terrible en este nivel es que es una manipulación que va al fondo de lo que somos. Es decir: es una manipulación que no se limita a convencerte de que votes por tal o cual partido político, o que consumas tal o cual tontería. Es una manipulación que DISTORSIONA por completo tu percepción de la realidad, y te hace vivir en una FANTASÍA.
Esa es la razón por la cual la humanidad anda tan perdida en la actualidad. La tecnología que nos permite disponer de toneladas de información, en tiempo real, y en la comodidad de nuestro smartphone que cabe en el bolsillo, no nos ha convertido en gente más lista. Al contrario: nos ha hundido en el caos y la confusión, y por eso la gente se cree las fake news, se impresiona y se deja coaccionar con las posverdades, y vive en una hiperrealidad permanente. Ni hablar. Lo tecnologizados no nos quita lo simiescos.
Estas son las tres dimensiones en las que la desinformación funciona. Pero la nota de @PiperThread nos pone frente a un nuevo nivel de desinformación, inaudito, ridículo, disfuncional, pero que ya merece tratarse por separado, y se trata de ¡El presidente López y sus estupideces! Es el autor de los peores ejemplos de #ComplotPedorro que te puedas imaginar. Ninguno le sale bien. Sólo se exhibe como el político opaco, corrupto, rencoroso y torpe que siempre ha sido.
López ha convertido la política mexicana en un circo de pésima calidad. Y él se ha convertido a sí mismo en un payaso que ni siquiera está al nivel de su circo de pésima calidad. A mí, por supuesto, no me sorprende.
Si a ti se sorprende, o todavía no te la crees -sí, chairo menso, te estoy hablando a ti- es porque eres la víctima favorita de las fake news, de la posverdad, y vives en una patética y miserable hiperrealidad.
Suerte con tu mundo de michelada.