El cierre de la puerta tras nosotros da por terminada una extensa noche de tragos y festejos. O al menos los acontecidos en el exterior, pues el clima ardiente de la habitación denota que una acalorada noche de pasión en su interior apenas comienza.
Enormes ímpetus y deseos han sido contenidos durante toda la velada, e inmersos ya en este nuevo encierro, al poner los cerrojos mis intenciones son todas esas que pudiera ella sospechar, y en mis ojos observa mi intención de no dejarle escapar.
La tomo por sorpresa de la mano cuando de forma inocente pretendía alejarse, y con un leve tirón la atraigo hacia mí. Con un beso procedo a distraer su atención de lo que a continuación pretendo suceda. Mientras ella absorta en mis labios se encuentra, por detrás de su espalda restrinjo sus manos con las mías. Intenta con dos movimientos zafarse, pero pronto cae en cuenta que ha sido hecha prisionera y su respiración con ello se agita y en su pecho se nota como esto la excita.
“Amárrame por favor”
– Me pide con la mirada, mientras con las palabras me informa como claudica y se rinde ante su captor, que no piensa esta noche oponer resistencia, hecho que demuestra al entregarme sus brazos en señal de sumisión. Estira pues sus brazos unidos hacia mí en cuanto de la sujeción la libero. El nudo de mi corbata aflojo y de ella me despojo para con dicha prenda sus manos atar.
La fina tela comienza ella a sentir recorrer por sus muñecas, al tiempo que las rodea una y otra vez logrando unirlas con firmeza, quedando así sujetas con un lazo final, del cual comprueba con algunos intentos que no le es posible escapar.
Su respiración se pronuncia aún más al saberse por su hombre dominada. Sus ojos cierra por impulso, dándome a entender que puedo ahora hacer con ella lo que quiera. La cargo entre mis brazos para llevarla maniatada hasta la cama, mientras en el trayecto me roba un beso que dura hasta ser colocada con delicadeza con su cabeza sobre la almohada.
Me sitúo frente al lecho de manera erguida, contemplando a mi bella doncella restringida. Ella me mira de vuelta en espera de mi próxima acción y expectante de contemplar mi virilidad mientras de mis vestimentas me desprendo.
La exaltación comienza su cuerpo a mover de forma intempestiva, y más aún se agita cuando mi mano siente su pierna recorrer. Sus impulsos le resultan imposibles ya de controlar cuando por su muslo continúo y por debajo de su vestido me interno a sabiendas de que han sido anuladas sus defensas.
Mis labios continúan el asedio por el área de su cuello, mientras mi mano siniestra toma las suyas amarradas en custodia y las colocan sobre su cabeza. Su cuerpo no resiste en este punto que le haga ya el amor, mientras sus labios imploran con un “¡cógeme por favor!”. Pero esto es todo lo que de su boca logra salir, pues con un apasionado beso le amordazo en el momento exacto en el cual su euforia se manifiesta al comenzar a sentirme en ella.
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