Doha envuelve en su modernidad; el desierto, en amplitud.
Doha, la capital de Qatar, ha crecido hacia los lados y hacia arriba. El desierto sobre el que se construye se siente en las altas temperaturas de mayo a septiembre, en los intensos rayos del sol y en las tormentas de arena ocasionales. Pero para ver el desierto, hay que salir de Doha.
La carretera hacia el norte de este país árabe-musulmán surca el desierto plano, árido, a veces moteado por uno que otro arbusto. ¿Es aburrido? Todo lo contrario, el desierto nos entrega amplitud, nos abre el campo visual, mental; nos regala eso que las urbes no pueden: un cielo sin obstáculos para admirar a...