Un anfibio con un pequeño rostro sonriente, cuatro patas, una corona de agallas, una aleta puntiaguda y una textura lisa, son las palabras para describir a un animal como el ajolote (del náhuatl āxōlōtl, “animal de agua”).
La historia del ajolote se remonta a los aztecas, pues está documentado en varios códices, como en el Florentino. De acuerdo con una leyenda azteca, el axolotl era en realidad el dios perro Xólotl, hermano de Quetzalcóatl, quien, temeroso de sacrificarse como el resto de los dioses y darle así vida al nuevo sol, trató de esconderse en las milpas y se convirtió en una planta de maíz de dos cañas o ajolote (xolotl). Sin embargo, fue descubierto por los demás dioses y continuó su huida, ahora escondiéndose en un magueyal y tomando la forma de una penca doble o mejolote (de metl, maguey y xolotl). Finalmente, en su última huida, se introdujo al agua, donde se transformó en un pez llamado axolotl, que fue su última metamorfosis, pero aún así fue encontrado por el dios del viento Ehécatl. Así Xólotl, el dios que le tiene miedo a la muerte y que no pudo escapar de ella, pasó a la historia por sus poderes de transformación.
En la literatura científica apareció en 1615 en un libro de historia natural, y más tarde se hicieron numerosas publicaciones sobre este animal, hasta que doscientos años después recibió un nombre científico.

Alexander von Humboldt, impresionado por este animal, tomó dos ejemplares de México y los llevó a París para que Georges Cuvier los estudiara. Fiel a la lógica de la anatomía comparada, él lo clasificó como un perennibranquio. De aquí en adelante solo hay registros en 1863: durante la intervención francesa, se enviaron varios ajolotes a París, donde se reprodujeron y sus crías sufrieron lo que a los estudiosos franceses pareció una extraña metamorfosis.
Es endémico del sistema lacustre de la Cuenca de México y ha tenido una gran influencia en la cultura mexicana. Se encuentra en peligro crítico de extinción por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Esto se debe a que su población ha bajado de manera significativa, por la pérdida de hábitat, introducción de peces exóticos, sobreexplotación, contaminación y su consumo como alimento.
Por esta razón, se planea abrir el primer museo del ajolote en la Ciudad de México. Es la Asociación Civil Axolotitlán quienes buscan crear un lugar para impartir cursos, charlas y actividades informativas y de concientización.
Mide alrededor de 15 cm de longitud total, siendo raros los ejemplares que miden más de 30 cm. El ajolote tiene la apariencia de un renacuajo gigante con patas y cola. Se caracteriza por tener tres pares de branquias, las cuales salen desde la base de su cabeza y van hacia atrás, ojos pequeños, piel lisa y patas cuyos dedos son finos y puntiagudos, pero que no desarrollan uñas. La coloración del ajolote es muy variable: en estado silvestre, la mayoría son de color café oscuro con el dorso negro, el vientre más claro, y manchas oscuras débiles y poco visibles en flancos y dorso. Sin embargo, también pueden presentar patrones de coloración diferentes, especialmente en cautiverio: gris, café, verde pardo, rosado, anaranjado e incluso blanco con ojos negros, albino dorado, albino blanco o casi negro.
Al igual que las salamandras o las lagartijas, los ajolotes tienen la capacidad de regenerar extremidades. Pero a diferencia de otros animales con talentos parecidos, ellos pueden hacer crecer tejidos como pulmones, ojos, ovarios, la médula espinal, incluso cerebro y corazón. Estos animales, mientras no les corten la cabeza, tienen la capacidad de reemplazar diferentes partes de su cuerpo.
La pregunta que tienen quienes los estudian es ¿cómo logran hacerlo? De responder este cuestionamiento no sólo se podrá descifrar a un misterioso anfibio, sino que podría ser vital para desarrollar herramientas para tratar un sinnúmero de lesiones e incluso enfermedades humanas.
Conscientes de este potencial, científicos de la Universidad de Kentucky (Estados Unidos) llevaron esta fantasía un paso más cerca de la realidad, y en 2019, anunciaron que lograron reunir el genoma del ajolote.
"Es difícil encontrar una parte del cuerpo que no puedan regenerar: las extremidades, la cola, la médula espinal, el ojo y, en algunas especies, se ha demostrado que incluso la mitad de su cerebro se regenera", apunta Randal Voss, profesor del Centro de Investigación de Lesión Espinal y Lesión Cerebral del Reino Unido y co-líder del proyecto.
Aunque los humanos comparten muchos genes con el ajolote, el genoma de esta salamandra es diez veces más grande, lo que representa una gran barrera para los análisis genéticos. Según Jeramiah Smith, profesor asociado en el Departamento de Biología del Reino Unido y co-líder junto a Voss, esfuerzos recientes han proporcionado gran parte de los datos genéticos del ajolote pero, como una caja de piezas de rompecabezas, hasta que el genoma se ensamble de manera correcta los científicos no pueden realizar análisis a gran escala de la estructura y función del genoma, que es clave para desentrañar los mecanismos que otorgan a los ajolotes sus “súper poderes curativos”.
Smith y Voss adaptaron un enfoque genético clásico, llamado mapeo genético por vinculación, para unir el genoma del ajolote en el orden correcto de manera rápida y eficiente: se trata del primer genoma de este tamaño en ser ensamblado hasta la fecha.
El genoma del ajolote cuenta con más de 32,000 millones de bases (A, C, G, y T), 10 veces más que el del ser humano. Se ha calculado que hay algunas salamandras con un genoma aún mayor, pero no son modelos de estudio. Anteriormente el mayor genoma secuenciado era el de una especie de pino (Pinus Taeda), con algo más de 24,000 millones de bases.
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"Ahora que tenemos acceso a la información genómica, podemos comenzar a probar las funciones genéticas de ajolote y aprender cómo son capaces de regenerar partes del cuerpo. Esperamos algún día poder trasladar esta información a la terapia humana, con posibles aplicaciones en lesiones de la médula espinal, accidentes cerebrovasculares, etc.", subrayaron.

Fuentes: Noticias de la Ciencia, Infobae, Nature https://doi.org/10.1038/nature25458, imágenes tomadas de internet.